En breve
El neoliberalismo, la ideología dominante en la actualidad, convierte al Estado en un siervo del capital transnacional. En la búsqueda incesante de privatizar los bienes comunes, sus políticas inevitablemente encienden el descontento popular.
…nos encontramos en esta extraña situación, en la cual lo único realmente efectivo que se ha hecho en los últimos treinta años a nivel mundial es convencernos de que otro sistema económico nunca sería posible. De pronto, el sistema que tenemos se derrumba por completo y todo el mundo piensa: “Oh no, ¿y qué hacemos ahora? No hay alternativas, ¿qué vamos a hacer?
— David Graeber, en entrevista con Rebecca Solnit, Guernica Magazine, 2012
Orígenes
El liberalismo fue la filosofía económica del capitalismo del ‘laissez-faire’, que surgió en la década de los 1870s. Casi 100 años después, el neoliberalismo se desarrolló como una serie de políticas mundiales implementadas por los gobiernos de derecha de Margaret Thatcher en el Reino Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos. Milton Friedman y la Escuela de economistas de Chicago proveyeron sus bases ‘teóricas’. El ‘laissez-faire’ implica que se permita a los capitales monopólicos internacionales hacer lo que les plazca.
Vivimos en un período en el que existe una concentración y centralización de capital sin precedentes a escala mundial, con unos pocos cientos de corporaciones transnacionales controlando casi todos los aspectos de nuestras economías. Los capitalistas han respondido a la caída de los índices de ganancias en la producción con un aumento sostenido en la especulación sobre el crédito, la propiedad y los mercados bursátiles, es decir, los sectores improductivos de la economía. Bajo tales condiciones la acumlación mediante la desposesión está a la orden del día: privatizar los servicios públicos y vender el patrimonio estatal, eliminar puestos de trabajo y reducir el monto de los salarios; extraer los recursos naturales; liberar territorios por la fuerza para su explotación. Todo esto resulta en que los gobiernos tengan que responder cada vez más ante las corporaciones, bancos e instituciones financieras y menos ante los ciudadanos - una desposesión política que simplemente se capitula con el despojo social y económico. Este fenómeno es conocido como neoliberalismo.
Ahora existe una base material para la solidaridad a lo largo del mundo, basada en un sentimiento compartido de descontento ante la ruina de todo aquello que valoramos, producto de las políticas neoliberales.
En pocas palabras, el neoliberalismo es el intento por parte del capital de resolver sus crisis mediante el sometimiento de todos los aspectos de la vida cotidiana a la ideología del libre mercado, desde la salud y la educación hasta las artes, los medios de subsistencia y la propia democracia. Cuando se implementan en los países desarrollados, este tipo de medidas neoliberales se hacen llamar ‘medidas de austeridad’, mientras que en el tercer mundo se conocen como un ‘ajuste estructural’ o, más recientemente, como los ‘documentos de estrategias de lucha contra la pobreza’ (DELP).
Más allá de las diferencias en la denominación, se implementa una serie de políticas económicas y sociales destructivas en los países de todo el mundo, mediante la privatización y la desregulación de las economías en beneficio de unos cuantos que detentan el poder político y económico. Se declara al Estado como ‘ineficiente’ y luego se procede al deterioro de los servicios públicos mediante la falta de financiamiento, para terminar vendiéndolos a muy bajo costo al sector privado, principalmente a compañías transnacionales. Al Estado le queda prohibida la inversión en infraestructura social, lo que abarca los ámbitos de la salud, la educación, el transporte y las telecomunicaciones, que pasan a ser manejados por corporaciones cuyo objetivo es obtener ganancias. En el tercer mundo, se le impide al Estado subsidiar la producción agrícola (a diferencia de lo que ocurre en Europa y Estados Unidos). Se eliminan las tarifas que funcionan como barreras para proteger las economías nacionales, se subastan a muy bajo costo los derechos de explotación de los recursos naturales y se eliminan impuestos, lo que resulta en un gran aumento de la desigualdad de riquezas y la deuda pública.
Particularmente, cuando el Estado retrocede, aquellos servicios públicos de los cuales las corporaciones no pueden obtener ganancias, tales como la educación primaria en las comunidades pobres, pasan a ser brindados en parte por ONG ‘caritativas’, otra cara del sector privado que, en última instancia, tampoco responde a los ciudadanos. Como resultado de este proceso, los derechos esenciales para la vida — el acceso a la salud, la educación, el agua, etc. — pasan a ser ofrecidos selectivamente como ‘caridad’.
Afortunadamente, hay alternativas. La destrucción causada por las políticas neoliberales ha resultado en una crisis en la credibilidad sobre la capacidad del capitalismo para cumplir con sus promesas, y una cantidad creciente de movimientos exigen un nuevo enfoque: tal es el caso de las revoluciones en Túnez y Egipto, los movimientos de ocupación (occupy), los movimientos de protesta en el continente africano, así como los de España y Grecia. Es la primera vez en décadas que se da una apreciación de las bases materiales de la solidaridad a lo largo de todo el planeta, basada en un sentimiento compartido de descontento, ante la ruina de todo aquello que valoramos, producto de las políticas neoliberales.
Ejemplos del mundo real

Small loan schemes devastate the lives of millions of poor people and reveal the dark side of India's economic boom.