En breve
Después del golpe de estado en Egipto en 2013, cuando la única forma segura de criticar al régimen era centrarse en las malas condiciones económicas, diez mujeres egipcias levantaron pancartas con mensajes como “¿Quién aceptaría… cuentas de gas tan altas?”
Desde el golpe militar de 2013 en Egipto, el país fue testigo de un estado de desesperación sin precedentes. La gente tenía miedo a hablar de política debido a la brutalidad del régimen: hubo diez mil detenidos, varios cientos de mártires y miles de víctimas de tortura, todo debido a la violencia generalizada del Estado. La situación era intolerable, sobre todo porque sucedía tras una ola de lucha valiente por la libertad y la dignidad, llena de sacrificios, que finalmente logró la revolución egipcia en 2011 - una victoria contra décadas de tiranía y dictadura.
Bajo tales circunstancias represivas, era lógico que los activistas y las personas en general tomaran sus precauciones al criticar a las autoridades y los militares. En respuesta, nueve mujeres y yo iniciamos una forma segura de provocar que la gente para que expresara su resentimiento contra el régimen y restaurara su deseo de cambio, manteniendo un riesgo bajo de ser detenida o reprimida por las autoridades
Aun sin hacer críticas directas del régimen, nuestra campaña fue capaz de criticar indirectamente la corrupción y la incompetencia de la dictadura militar.
Establecimos un movimiento llamado “30 de junio libre” y trabajamos en dos campañas, una de las cuales fue “Quien aceptaría”, que abordaba la política por medio de argumentos económicos.
El público objetivo de ambas campañas era general. Nuestro objetivo principal en la primera campaña era animar a la gente a retomar el valor y darse cuenta de que hay formas seguras de alzar la voz. La campaña sólo habló acerca de los problemas "no políticos": altos precios del gas, la basura en las calles, la escasez de pan, cortes de electricidad, escasez de agua, la pobreza extrema, y muchos otros problemas económicos. Sin hacer críticas directas del régimen, nuestra campaña fue capaz de criticar indirectamente la corrupción y la incompetencia de la dictadura militar, ya que, obviamente, estos problemas sucedían bajo su mandato.
La campaña comenzó con manifestaciones pequeñas y pancartas grandes. Escribimos el hashtag, #quiénaceptaría (يرضيمين#) en las pancartas, y luego en cada pancarta escribimos una oración que describía un problema específico, como: “precio alto del gas”, “desempleo”, y así sucesivamente.
Esta iniciativa atrajo todo tipo de reacciones. Algunos transeúntes reaccionaban con ira, lo cual era comprensible porque en ese momento los medios de comunicación representaban a todos los activistas como traidores al servicio de Estados Unidos, Turquía y Qatar. No obstante, la mayoría de la gente apreció nuestros esfuerzos, y muchos además agradecieron nuestro coraje y nos decían "Que Dios las bendiga”.
Nuestras manifestaciones se llevaron a cabo dos veces por semana durante un período de seis meses, hasta que una mañana la policía vino y nos vimos obligadas a huir. Decidimos suspender las manifestaciones para evitar mayor intensidad en las medidas de seguridad del gobierno.
Teoría clave
Lo que exigíamos era obvio: condiciones económicas dignas y derecho a criticar al régimen. El mensaje y el propósito fueron evidentes, y por lo tanto no se necesitaba preguntar porqué estábamos protestando. Nuestra presencia per se contaba una historia, y los lemas en las pancartas eran simples y fáciles de entender.
Táctica clave
Nuestras pancartas simples y portátiles podrían ser desplegadas fácilmente, y ocultas de nuevo rápidamente. Escondíamos la mayor parte de nuestras caras con la pancarta, y nos juntábamos sin previo aviso en un lugar público, preparadas para dispersarnos si llegaba la policía. Era una buena idea ocultar nuestras caras tras las pancartas en lugar de usar máscaras, ya que éstas a veces hacen que la policía y el público en general sospechen y se sientan desconfiados.
Principio clave
Desde el comienzo de esta campaña, elegimos evitar un ataque político directo al régimen, ya que probablemente eso habría dado lugar a una respuesta de la policía, probablemente con arrestos. En cambio, criticamos al régimen de manera implícita y de forma más segura, poniendo de relieve las cuestiones económicas cotidianas. Esta fue nuestra visión central, lo que hizo posible el éxito de la protesta, que continuó durante seis meses. Esta elección también redujo la ira pública que experimentamos, y creó un espacio seguro donde la sociedad también podía compartir sus propias quejas.