En breve
Después de perder miles de millones de dólares en contratos debido a campañas de BDS en todo el mundo, la compañía francesa Veolia abandonó el mercado israelí y puso fin a su complicidad en las violaciones de Israel al derecho internacional.
En 2003, la multinacional francesa de transporte y servicios ambientales, Veolia, firmó un contrato para trabajar con el gobierno israelí para ayudar a construir y operar el tren ligero de Jerusalén (JLR, por sus siglas en inglés), creado para funcionar entre el oeste de Jerusalén y los asentamientos ilegales israelíes en el territorio ocupado palestino.
Los documentos oficiales sobre el JLR dejaron en claro que el propósito del proyecto era atar los asentamientos ilegales más estrechamente a Israel y facilitar la expansión de los mismos. Al suscribirse como contratista principal para el proyecto, Veolia se alineó con el objetivo a largo plazo de Israel de expulsar a tantos palestinos indígenas de su tierra natal como fuera posible. Más adelante saldría a la luz que Veolia también proveía infraestructura de manejo de residuos y transporte a los asentamientos ilegales israelíes.
La campaña contra el papel de Veolia en la colonización y el apartheid israelí utilizó una gama de tácticas amplia, desde la acción directa al cabildeo para presionar a gobiernos, pero lo que prevaleció fue el enfoque estratégico implacable en dañar (o amenazar con dañar) las finanzas de la empresa.
La victoria de la campaña del BDS contra Veolia envió un mensaje claro a otras empresas e inversores: hay un precio a pagar por la complicidad con el apartheid israelí.
Los contratos con los gobiernos municipales, una fuente de ingresos fundamental para Veolia, fueron atacados por los defensores. En 2009, una coalición de grupos religiosos, sindicatos y activistas por la solidaridad logró persuadir al ayuntamiento de la ciudad de Estocolmo de no renovar su contrato de US$4.5 mil millones con Veolia para la gestión de la red de metro de la ciudad.
Este éxito se repitió en todo el mundo, desde Londres a la Ciudad de Kuwait, y de St. Louis a Edimburgo. Ciudad por ciudad, se desarrolló una incansable campaña de bases que involucró de todo, desde cabildeo privado hasta marchas de protesta en ayuntamientos para convencer a estos últimos de expulsar a Veolia. En total, Veolia perdió un estimado de US$20 mil millones en contratos.
Los crímenes de Veolia fueron más allá de la complicidad con el Estado colonial de Israel, incluyendo la privatización del agua, las violaciones de los derechos laborales y “ecoblanqueo” o “ecolavado de dinero”. Unidos por un objetivo común, diferentes grupos temáticos y ramas del movimiento se conectaron y se pusieron de pie uno al lado del otro, desarrollando poder y fortaleciendo la influencia de todos (ver: TEORÍA: Interseccionalidad).
Alarmados por la clara evidencia de la complicidad de Veolia y cautelosos al ver el creciente impulso de la campaña, una serie de bancos y fondos de inversión desinvirtieron (ver: TÁCTICA: Desinversión) en Veolia.
En más de una ocasión los ejecutivos de Veolia admitieron que la campaña estaba perjudicando sus beneficios y reputación. En 2013, Veolia comenzó una venta gradual de las subsidiarias que estuvieron involucradas en proyectos vinculados a los asentamientos ilegales israelíes. Incluso entonces, las campañas de BDS contra Veolia se intensificaron para asegurar que la venta gradual no era un mero intento de desinflar el impulso de la campaña. En 2015 Veolia había vendido la última de sus operaciones en Israel, incluyendo su participación en el JLR.
La victoria de la campaña de BDS contra Veolia envió un mensaje claro a otras empresas e inversores: hay un precio a pagar por la complicidad con el apartheid israelí. Otras grandes empresas europeas como Orange y CRH han salido del mercado israelí.
Estas victorias son pasos importantes en la lucha para acabar con el apoyo internacional al apartheid y el colonialismo israelí, y nunca hubiesen sido posibles sin las incontables horas de campaña realizadas por miles de personas en todo el mundo.
Teoría clave
Veolia no sólo fue cómplice en Israel del apartheid y la colonización de la tierra palestina, sino que también estuvo implicada en varias otras formas de opresión, incluyendo la privatización del agua, violaciones a los derechos laborales y “ecoblanqueo”. Esto permitió a los activistas construir coaliciones y aumentar la escala de presión sobre la empresa, así como también fortalecer sus motivos para hacer llamadas al boicot y la desinversión.
Táctica clave
Los activistas fueron capaces de poner en marcha una campaña mundial dirigida a las ofertas y contratos de Veolia en todo el mundo, hasta que la empresa vendió la totalidad de sus acciones en Israel. Los siete años de duración de la campaña — que perseveró a pesar de varios intentos de Veolia para desalentar la presión — demuestra una vez más cómo los avances grandes en las campañas de desinversión a menudo se materializan sólo después de una acumulación de pequeños éxitos.
Principio clave
El objetivo principal de la campaña del BDS es el régimen del colonialismo, la ocupación y el apartheid de Israel. Al centrarse en un objetivo secundario, Veolia, directamente implicado en la opresión del objetivo primario, pero más económicamente vulnerable a la presión internacional, el movimiento logró una victoria dramática que envió un mensaje poderoso a otras empresas que estaban considerando hacer negocios en Israel, y presionó y aisló aún más a su objetivo principal.