En breve
En junio de 2013, los ciudadanos empezaron a tocar sus bocinas frente al Parlamento del Líbano para recordar a los parlamentarios que su mandato había expirado. La protesta se propagó hasta ser perseguidos a bocinazos por todas partes.
Según la Ley electoral libanesa Nº 25/2008, la duración del mandato oficial de un Parlamento electo es de cuatro años. Una vez finalice la legislatura, tienen que celebrarse nuevas elecciones de acuerdo con los derechos civiles y constitucionales garantes de los ciudadanos. Sin embargo, el Parlamento elegido en 2009, cuyo mandato expiró en mayo de 2013, votó a favor de extender la legislatura por un periodo adicional de 17 meses.
El 6 de junio de 2013, yo y otros cinco jóvenes nos reunimos en el abarrotado Café Abo Assaf en el corazón de la bulliciosa capital libanesa. Estábamos consternados por la decisión del Parlamento y estábamos decididos a hacer algo al respecto. Invitamos a otros y llegamos a juntar un grupo de 15 que empezó a intercambiar ideas para presionar al Parlamento a convocar a nuevas elecciones. Ya se habían hecho muchas manifestaciones, pero todas habían sido monótonas, convencionales y, en definitiva, ineficaces.
Queríamos resultados. Queríamos algo en lo que fuera fácil participar y a la vez llamativo, no violento y realizable con un presupuesto cero. Después de barajar muchas ideas, alguien dijo: "No debemos permitir que se queden en el Parlamento en un ambiente tranquilo." Esto suscitó ideas sobre alteraciones ruidosas, como poner música o silbar, hasta que finalmente alguien sugirió la idea de las bocinas, que fue respaldada unánimemente por el grupo.
Aprendimos que no necesitas una gran cantidad de dinero para lanzar una campaña sólida y eficaz. Lo que se necesita es un poco de creatividad y mucha constancia.
Lo intentamos primero usando bocinas de aire. En grupos de una y dos personas, entramos en la zona que rodea el Parlamento. Puesto que no se permite la entrada de grupos, algunos de nosotros esperábamos en cafeterías, restaurantes y hoteles cercanos al Parlamento. El primer bocinazo cogió a los policías por sorpresa y entonces el aire se llenó con los bocinazos de otros 35 participantes.
"Las bocinas eran un estorbo", dijo un parlamentario a un reportero de televisión al salir de una sesión parlamentaria. "No podíamos oírnos los unos a los otros”. Era imposible hacer caso omiso de nuestra presencia. Interrumpíamos su rutina habitual. Nuestro descontento y nuestras reivindicaciones se oían alto y claro.
Continuamos con la acción cada semana durante el periodo de tiempo en el que se llevaban a cabo las sesiones parlamentarias. El número de participantes aumentó de forma espectacular hasta que la policía reaccionó, prohibiendo al público acceder a la zona del Parlamento. En respuesta, la gente comenzó a hacer sonar bocinas desde sus balcones, en las calles y desde sus coches, allí donde veían un vehículo con el distintivo del Parlamento.
Nuestra protesta había comenzado con 20 personas con bocinas de aire portátiles. En sólo tres semanas, había crecido hasta miles de personas, portando cualquier tipo de bocina imaginable. La gente pitaba a los parlamentarios en todos los lugares a donde iban. Los parlamentarios estaban visiblemente molestos; algunos de ellos incluso cambiaron sus matrículas para ocultar su identidad y evitar ser pitados.
A pesar de esta amplia ola de protestas y de toda la cobertura mediática y las molestias causadas a los parlamentarios, aún no se han celebrado nuevas elecciones. Al momento de escribir esto, el Líbano sigue teniendo el mismo Parlamento ilegítimo. Al finalizar la primera extensión de mandato de 17 meses, el Parlamento adoptó una nueva prórroga de su mandato por 31 meses más.
No obstante, hemos creado una nueva cultura de protesta en el Líbano: ahora es una tradición tocar la bocina a cualquier parlamentario ilegal que localicemos. Con cada bocinazo, se recuerda a los parlamentarios lo que ahora ya saben perfectamente en su fuero interno zumbado a bocinazos: que son representantes ilegítimos del pueblo, que en realidad “ocupan” el lugar del pueblo.
Esta lucha no ha terminado. Seguiremos pitándoles hasta que se hayan ido.
Teoría clave
Antes de que comenzara la protesta a bocinazos, los parlamentarios aparentaban tener un mandato; actuaban en una pantomima de democracia en la que el pueblo, como público, participaba pasivamente. Si te cruzabas con un parlamentario por la calle o paseabas junto al edificio del Parlamento, tan sólo podías sentirte contrariado por el hecho de que se arrogaran un mandato falso. Esta campaña convirtió esta banalidad en un escándalo, haciendo que la situación cómoda de un gobierno no representativo se tornara en algo anormal, y que los parlamentarios se sintieran fuera de lugar, revelando así al público (el público libanés) los mecanismos ocultos de la farsa.
Táctica clave
El pueblo libanés ama la música, los silbidos, los bocinazos y los aplausos. Por lo general, las bocinas se utilizan para alertar de un peligro, lo que expresa un mensaje rotundo sobre el estatus ilegítimo de los parlamentarios. Objetos ruidosos como las bocinas son pequeños, fáciles de conseguir y es sencillo colarlos a través de los controles policiales. Son molestos, pero no violentos; atravesaron de manera pacífica los muros y ventanas del edificio del Parlamento y, a su vez, eran suficientemente ruidosos para desafiar el ambiente de estatus quo.
Principio clave
¿Ves a un parlamentario? ¡Pues dale un bocinazo! Una fórmula sencilla que permitió que la protesta se extendiera rápida y ampliamente. Sólo se necesitaba una bocina y saber hacia qué dirigirla - tanto a una matrícula con placa parlamentaria como al edificio del Parlamento o a los propios parlamentarios. Este concepto tan sencillo permitió una participación pública a gran escala en diferentes lugares y momentos.