En breve
Durante Rio+20, los indígenas Xavante se unieron con otras organizaciones sobreponiendo una intervención estratégica para recuperar la tierra que les había sido prometida 20 años atrás.
Durante la dictadura militar de Brasil, el gobierno promovió el desarrollo en el Amazonas. En 1960, la compañía multinacional de petróleo Agip Petroli, compró parte del área indígena de los Xavante conocida como Maraiwatsede. En 1992, el jefe de los Xavante, Damiao Paridzane, fue a Río de Janeiro para la Cumbre de la Tierra de las Naciones Unidas. Allí, le prometieron que Agip Petroli les regresaría parte del territorio de su gente. Veinte años después, el retorno de la Conferencia de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (Río+20) a Río de Janeiro marcó un momento simbólico y relevante al plantear el problema de qué ha pasado con los Xavante desde la primera conferencia.
Desde entonces fueron forzosamente removidos por la dictadura militar de 1966, la gente de Maraiwatsede ha estado tratando de regresar a su tierra ancestral. En cambio, la tierra fue ocupada principalmente por rancheros y políticos locales apoyados por el gobierno de Mato Grosso. Mientras tanto, el 85 por ciento de su área fue deforestada y empezó a conocerse como la tierra indígena más devastada del Amazonas Brasilero.
La Conferencia Río+20 fue una oportunidad única para hacer visible la causa de los Xavante y presionar al Gobierno a cumplir la vieja promesa de hace 20 años.
La Conferencia Río+20 fue una oportunidad única para hacer visible la causa de los Xavante y presionar al Gobierno a cumplir la vieja promesa de hace 20 años, particularmente ya que la corte había ordenado que la tierra debía ser regresada a la comunidad. OPAN (Operaciones Nativas del Amazonas), una organización que apoya a los Xavante, junto con Escola de Ativismo (Escuela de Activismo), planearon una serie de de acciones políticas para presionar al gobierno brasileño el regreso de la tierra Maraiwatsede a los Xavante. La comunidad participó activamente en el proceso de toma de decisiones y juntos desarrollaron un plan que resonara con su conocimiento y modo de organizarse.
Durante la marcha de la Cumbre de las Personas (People’s Summit), los Xavante mantuvieron sus carreras tradicionales, pero corrieron en dirección opuesta a la marcha para simbolizar los contratiempos en los derechos de los indígenas y la indiferencia del gobierno de Brasil con el pueblo de Maraiwatsede. Sus acciones captaron la atención de organizadores y participantes, así como de la prensa y fotógrafos.
Mientras tanto, material variado de comunicación fue desarrollado para apoyar la causa: un blog de noticias, videos y fotos para informar a la prensa y la sociedad civil, en cuatro idiomas. El mensaje fue reforzado por una fuerte identidad visual que fue creada por la campaña, incluyendo medios sociales, material impreso sobre los Xavante, camisetas, y pancartas.
Finalmente, para marcar su presencia en las negociaciones de la Conferencia oficial Río+20 frente a las autoridades y los cabeza de estado, los Xavante se propusieron enviar su mensaje directamente al gobierno de Brasil. Tan pronto como vieron al ministro encargado la Secretaria General de la República, Gilberto Carvalho y después al presidente de FUNAI, Marta Azevedo, los Xavante realizaron su invención.
En las camisetas que usaron y las pancartas que sostenían, el mensaje era claro: "Dilma, devuelva Maraiwatsede". Sus demostraciones generaron una magnífica repercusión en los medios nacionales e internacionales, con una buena cobertura, imágenes y entrevistas de importantes medios de comunicación. Frente a los reporteros, el Ministro Carvalho le aseguró a los Xavante que remover a los invasores de Maraiwatsede era una prioridad para el gobierno federal. En ese mismo día, el encargado Damiao Paridzane fue uno de los 13 líderes indígenas que sostuvo una reunión privada con el ministro encargado de la Presidencia y otras autoridades.
La visibilidad alcanzada en Río+20 incomodó a los políticos y agricultores que tenían propiedades en Marawaitsede. Organizaron bloqueos de calles y quemaron algunos puentes para prevenir a los líderes comunitarios acerca de su regreso a la villa después de Río de Janeiro. La situación de tensiones y conflictos intensos apuntó a una serie de acciones por parte del gobierno federal, que apresuró la conclusión de la orden de la corte que determinaba la remoción de los invasores de Maraiwatsede. Un mes después, la Corte Suprema decidió en favor de la comunidad indígena. Los ocupantes no indígenas del área fueron notificados, y el proceso de remoción inició. Hoy, Maraiwatsede pertenece a los Xavante de nuevo.
Táctica clave
La presencia de los Xavante en las negociaciones oficiales de Río+20 fue esencial para hacer Maraiwatsede visible y exponer 20 años de negligencia del gobierno de Brasil. La respuesta fue inmediata: adicional, a que el jefe encargado del Ministerio de la Presidencia de la República garantizara el regreso de Maraiwatsede a los Xavante, el gobierno actuó para prevenir la escalada de violencia en la región y removió a los invasores del área, manteniendo su palabra a los Xavante.
Principio clave
El éxito de este caso se debe al rol del líder de la comunidad indígena, quien permitió que las organizaciones aliadas entendieran como pretendían actuar, teniendo en cuenta su visión, sus prioridades y su forma de organización social..