Historia

Hackear el apartheid

Infográfico: Ariel Acevedo. Ver el infográfico completo aquí.

En breve

En la cúspide del conflicto anti-apartheid, activistas por la libertad de Sudáfrica y hackers, crearon una red de comunicación cifrada que conectaba a los líderes en el exilio con operarios en Sudáfrica.

Durante la era del apartheid en Sudáfrica, el bloqueo impuesto al partido Congreso Nacional Africano (CNA), significaba que los activistas anti-apartheid se encontraban bajo constante vigilancia, y eran frecuentemente forzados al exilio, arrestados, encarcelados, torturados y hasta asesinados.

Hasta el inicio de los 1980s, el CNA tenía una red de comunicación muy limitada. A menudo usaba mensajeros que viajaban dentro y fuera del país para traer instrucciones, literatura prohibida y panfletos. También se usó la Radio Libertad, ala de propaganda del CNA, para inspirar e informar a los partidarios. Sin embargo, los métodos de comunicación eran limitados en su efectividad, debido en parte a la distancia que separaba a los líderes del CNA, exiliados en Zambia, de los activistas en Sudáfrica. Por eso, la creación de un sistema de comunicación cifrado mejoró enormemente las capacidades organizativas del CNA.

The creation of an encrypted communication system greatly improved the ANC’s organizing capacities.

Durante su exilio en Londres en los años 1980s, el activista por la libertad y hacker sudafricano, Tim Jenkin, elaboró una red de comunicaciones cifrada que permitía a los operarios que trabajaban clandestinamente en Sudáfrica, reportarse y comunicarse en secreto con los líderes del Congreso Nacional Africano (CNA) exiliados en Zambia.

Conocido como Operación Vula, este sistema funcionaba así: una vez que estaba completo y operando en 1988, Janet Love, comandante junto con Umkhonto weSizawe (MK) del grupo armado del CNA, iba a una casa segura creada por una pareja canadiense anti-apartheid y escribía un mensaje en una computadora portátil (que Antoinette, una aeromoza holandesa anti-apartheid que fue contrabandista del CNA, había introducido clandestinamente al país meses antes). Después de escribir el mensaje y cifrarlo, ella debía pasarlo del puerto de la computadora a un módem acoplador acústico. De esta manera, podía convertir la información digital en sonido, que podía grabarse en una pequeña grabadora de cassette.

Después marcaba por teléfono a Tim Jenkin en Londres, que tenía en su departamento una máquina contestadora especial, conectada a su línea de teléfono, para recibir mensajes de Sudáfrica. Jenkin recibía los mensajes al reproducir la grabación con un módem acoplador acústico similar conectado a su computadora, que convertía el sonido de nuevo a información digital. Los datos digitales podían ser descifrados usando un disquete, que podía hacer que el texto entero apareciera en la pantalla de la computadora de Jenkin. El disquete se basaba en un algoritmo que Jenkin había tardado diez años en crear y pulir. Dependiendo del contenido del mensaje, Jenkin lo recifraba y transmitía a Lusaka, Zambia, donde tenían su base los líderes principales del CNA. Entonces, Lucia, una activista holandesa anti-apartheid recibía el mensaje cifrado de Jenkin, lo descifraba e imprimía. Después un emisario recogía el mensaje del departamento de Lucia para llevarlo a los líderes del CNA.

A finales de la década de 1980, la resistencia en masa de Sudáfrica alcanzó niveles sin precedentes, debido al trabajo temerario y encubierto de los activistas del CNA, muchos de los cuales habían entrado de nuevo al país clandestinamente después de ser exiliados. La red de comunicación encubierta se volvió altamente efectiva, pues pasó información a través de fronteras y ayudó a coordinar la lucha anti-apartheid.

La experimentación en torno al hackeo anticolonial de los 80s y 90s, surgió en el momento en el que las computadoras personales apenas estaban emergiendo, cuando el cifrado era reconocido por muchos Estados como un arma, y cuando países como Estados Unidos restringían la venta de computadoras a Sudáfrica, pues temían que fueran usadas para fortalecer el sistema del apartheid.

Teoría clave

Hackear

Hackear puede ser definido vagamente como una práctica que conlleva programar y/o juguetear con la tecnología. La antropóloga Gabriella Coleman (2014) define al hacker como “un tecnólogo con una inclinación por la computación”, y un hack como “una solución técnica ingeniosa que se ideó a través de medios inusuales”. En aquel momento, Jenkin no se identificó como un hacker. No obstante, su uso del sistema telefónico, de las computadoras, del cifrado y los módems acústicos acoplados, entre otros, dependían de su habilidad para reinventar tecnologías por medios inusuales. Por eso no es asombroso que cuando se le pregunta a Jenkin si se considera un hacker hoy en día, responda afirmativamente.

Táctica clave

Cifrado

El cifrado permitió la construcción de un sistema de comunicación encubierto que no sólo estableció una red de comunicación internacional sólida entre las figuras clave del movimiento anti-apartheid, sino también limitó la habilidad de vigilancia del régimen del apartheid. Aunque para muchos proyectos de cifrado hoy en día el cifrado es un fin en sí mismo, la Operación Vula es un ejemplo de un proyecto más práctico, hecho con un objetivo político específico y dependiente de un contexto particular. La operación no se trataba únicamente de salvaguardar las comunicaciones, se trataba de poner en funcionamiento el intercambio de información estratégica y táctica, que era crucial para el fin último, liberar a la gente de la opresión.

Principio clave

Practicar la autodefensa digital

El desarrollo de una infraestructura de cifrado no comercial fue indispensable para el movimiento anti-apartheid dentro y fuera de Sudáfrica, mientras luchaba contra la vigilancia, la represión y la brutalidad del régimen del apartheid. Esta red ayudó a resolver un círculo vicioso:”los líderes no podían ir [a Sudáfrica] porque no había estructuras encubiertas instaladas para garantizar su seguridad; y las estructuras encubiertas no podían desarrollarse por que no había líderes importantes dentro del país.” (Jenkin, 1995)