Principio

Si la protesta se hace ilegal, haz de la vida diaria una protesta

La estudiante Emma Sulkowicz cargó su colchón diariamente por el campus durante varios meses protestando contra la decisión de la Universidad de Columbia de no expulsar a su violador. Foto: Andrew Burton, Getty Images.

En breve

Cuando la represión hace que la protesta sea muy riesgosa, convierte actos rutinarios — como manejar despacio, vestirse de negro, aplaudir o reírse — en protestas, que ridiculicen a las autoridades y las obliguen e entrar en dilemas de decisión.

If authority is stiffing you, ‘unauthorized’ is all you’ve got.

— China Miéville, The City and the City

En julio del 2011, la frustración pública en Bielorrusia debido una profunda crisis económica llegó a su punto máximo. El régimen autoritario del presidente Alexander Lukashenko había prohibido cualquier protesta política y la policía se encargaba de deshacer cualquier expresión de disentimiento. En respuesta, los organizadores que se hicieron llamar la “Revolución a través de las redes sociales” (Revolution Through Social Networks) empezaron a convocar a las personas a reunirse en público y aplaudir o poner sus celulares a sonar al mismo tiempo, convirtiendo estos simples en expresiones de discrepancia sorpresivas y profundas.

Cuando las reuniones masivas y las protestas públicas se vuelven demasiado peligrosas, las acciones cotidianas simples, hechas de manera masiva, pueden utilizarse para ilustrar la naturaleza absurda de la autoridad represiva.

Mientras las no-protestas se esparcían, la policía las castigaba con severidad. El régimen reconoció que aplaudir servía para socavar su autoridad. Si no hacían nada y continuaban permitiendo que las personas se reunieran y aplaudieran sin ningún castigo, entonces la población podía abiertamente oponerse al régimen de otras maneras. En cambio, el mundo vió el absurdo arresto de un gran número de bielorrusos por aplaudir. La campaña expuso la profunda irracionalidad del gobierno, una percepción que sólo se reforzó cuando se presentó al parlamento un proyecto de ley para hacer “la inacción organizada” de los protestantes silenciosos, ilegal.

Muchos años atrás, en 1983, los trabajadores organizados en Chile planearon iniciar una nueva resistencia a la dictadura de diez años de Pinochet con una huelga masiva en las minas de cobre, la columna vertebral de la economía chilena. Antes de que la huelga ocurriera, las minas fueron rodeadas por militares y parecía que habría una matanza segura si los mineros continuaban con su plan. En vez de ello, los líderes, de manera brillante, cambiaron de rumbo lanzando un Día Nacional de Protesta hecho de acciones descentralizadas, llamando a aquellos quienes los apoyaban a manejar lento, prender y apagar las luces de noche, a las 8 de la noche golpear cacerolas y ollas (ver: TÁCTICA: Cacerolazo [protesta con ruido]). Muchos participaron, y esas mini protestas ayudaron a reconstruir la confianza del movimiento de oposición derrotado, al tiempo que las personas superaban el miedo a actuar.

Como lo ejemplifican estas dos acciones, cuando las reuniones masivas y las protestas públicas se han vuelto demasiado peligrosas, las acciones cotidianas simples, hechas de manera masiva, pueden ser usadas para señalar la discrepancia, reunir multitudes, correr la voz, ilustrar la naturaleza absurda de la represión por parte de las autoridades y forzar al enemigo a entrar en un dilema de decisión, al tiempo que se evita o difiere la represión violenta.

Este principio no sólo aplica a regímenes represivos, sino también a situaciones en sociedades supuestamente más abiertas donde la vida diaria ha sido criminalizada para ciertos segmentos de la población. Como las dos mujeres queer que se besaron frente a una iglesia mormona en Salt Lake City hasta que fueron expulsadas de manera apresurada por los elementos de seguridad. O el “Frente de liberación dancístico” (Dance Liberation Front), que organizaba bailes en las calles y lugares sin licencia en la Nueva York de Giuliani, para burlarse de las represivas “leyes de cabaret” de la década de 1920 aún vigentes.

Ejemplos del mundo real

Boobs for Babies

Dozens of moms in Australia held a “Nurse In” in defense of a fellow breastfeeding mom when she was asked to leave the Bendigo Mall’s food court.

Danish resist Nazis by going home to garden

In response to an expanding Nazi curfew in Copenhagen, Danish workers walked off their jobs to “go tend their gardens,” infuriating the authorities.

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